El balance significa equilibrio y para cada persona, tendrá una connotación   diferente. El balance en la vida se detecta cuando te detienes para monitorearte: cuándo debes hacer un poco más de esfuerzo, cuándo es tiempo de poner límites y cuándo te sientes en paz.

Cuando estás balanceada reina la calma, tu mente fluye y te sientes

motivada; todas las áreas de tu vida están siendo atendidas y tu nivel de satisfacción y energía es óptimo. Cada cabeza y corazón es un mundo así que sólo tu podrás ser tu termómetro para medir en qué áreas de tu vida te sentirías mejor si les pusieras orden o atención, o si se los restas.

Unos aspectos de vida son internos y los otros se expresan hacia el exterior y están íntimamente vinculados entre sí, ya que usualmente lo que externamos es un reflejo de cómo estamos por dentro.

Nuestra vida interior, tiene que ver con espiritualidad, salud, mente y emociones. Si partimos desde la premisa de que tus emociones responden a tus pensamientos, es muy importante cuestionarlos, si estos duelen o te impiden vivir. Muchas veces tenemos ideas o creencias arraigadas y adoptadas que no son necesariamente nuestras y nos lastiman o nos limitan. Cuestionar ¿de quién es ésta creencia? ¿Mía o de mis padres, la sociedad, la religión, etc.? y decidir tú en qué quieres creer, buscar un pensamiento que te genere paz y sea congruente contigo.

Todos estos pensamientos regirán tu concepto de espiritualidad, salud física y tus emociones. La verdadera libertad yace en el reconocer que el poder sobre ti lo tienes tú. Entonces si algo no te gusta y no lo puedes cambiar, siempre podrás cambiar tu percepción sobre lo que sucede y aprovecharlo para cuestionarte y conocerte mejor.

La salud física depende de la sana alimentación y el ejercicio aunque sea poco, atender los llamados de tu cuerpo y tratarlo con amor, te llevará a estar más en contacto contigo y satisfacer cada una de tus necesidades.

Hacia el exterior tenemos relaciones de trabajo, de amigos, pareja y familia. Aprender a poner límites y tener relaciones sanas, desde el amor y la plenitud hará que no exijamos al otro, que nos de lo que sentimos que nos hace falta, y dárnoslo. Si dedicamos demasiado tiempo a un área de nuestras vidas se pueden descuidar las otras, estar atenta a las señales es la mitad de la labor, hacerles caso es lo que hará la diferencia.

Podemos crear un balance perfecto para nosotros, habrán ocasiones en que necesitemos más tiempo familiar y menos con amigos o dedicarle más atención a la pareja y esto es normal, cuando hayamos recibido lo que necesitamos regresaremos a nuestro centro.

¿Cómo saber si estamos en nuestro centro? Primero necesitamos honestidad, ser muy sinceras con nosotras mismas, meditar y sentir nuestro cuerpo y emociones es un excelente termómetro.

Si te sientes sobre cargada, estresada, culpable o frustrada, no estarás en tu centro. Puedes sentir que estás haciendo todo pero que no logras terminar nada, tu cuerpo se puede empezar a quejar para que le prestes atención, tu energía estará baja, sentirás que no tienes un camino claro que seguir o que te has perdido.

A veces creemos que podemos con todo y que podemos bien, hasta que la vida nos demuestra lo contrario. Soltar el concepto de querer ser perfectas, tratarnos con amabilidad y definir nuestra lista de prioridades ayudará a soltar lo que no nos corresponde. Solemos esperar que los demás dejen de exigirnos tanto cuando en realidad debemos aprender a poner limites y decir “no” más seguido, “no gracias”, “no puedo” o  “no quiero”, todos tenemos ese derecho.

Pasa tiempo contigo, medita, camina, nada, admira el cielo; respira, disfrútate, escúchate, conecta contigo y la naturaleza, ámate y hazte caso. Si tu relación contigo es estrecha te será más fácil saber cuando algo en tu vida te hace ruido o está fuera de balance y qué es lo que necesitas hacer.