Sin estar a favor del divorcio o en contra del matrimonio, abogo por las relaciones sanas donde persista el amor hacia el otro, en la misma intensidad que el amor hacia uno mismo.

Sin embargo, si la relación es todo menos sana, les confieso que hay muchas ventajas que llegan tras el proceso de divorcio. No sabría por donde comenzar ni a cual dar prioridad porque son todas valiosas; así que van como se me ocurren:

Monarquía vs. Democracia.

Usualmente estando en pareja, la mayoría de las decisiones son consensuadas entre dos, si tienes hijos y ellos están en edad de opinar, se puede someter la decisión a votación y se practica la democracia o el voto de la mayoría. Cuando vives sola, tienes mayores niveles de autonomía en todos los sentidos, y en tu vida mandas tú. Al principio puede parecer agobiante sentir el peso de saber que debes tomar todas las decisiones, pero después te acostumbras y disfrutas de lo placentero que resulta  hacer lo que tú quieras, cuando quieras y con quien quieras. Ejerces tu libertad en su máxima expresión y dibujas tus reglas y las de tu casa.

– Crecimiento personal.

Difícilmente sale uno ilesa de un divorcio. Suele implicar una pérdida y un cambio de vida, ambos factores que ayudan a replantearse todo: desde el terreno donde está uno parada hasta el color de los cojines de la sala. Hay una ruptura, un parte aguas donde todo lo que se tenía por seguro se vuelve volátil, de la economía familiar al auto concepto, y ésta como la mayoría de las grandes transformaciones incluye dolor. Si logras atravesar el duelo en lugar de evadirlo, las recompensas serán enormes. Después de un divorcio te re-defines, aprendes de tus errores, asumes responsabilidades y sobre todo estás mucho más en contacto contigo, con tus emociones, tus metas y sueños. Esta se convierte en una segunda oportunidad de vida en la que te demuestras de qué estás hecha y hacia donde quieres ir.

– El regreso a la cordura.

Al divorcio le preceden años de intentos fallidos, discusiones interminables, y problemas sin solución. El momento de la separación física es el principio de una larga travesía que servirá para desenredar todo el ovillo enmarañado que se había enredado durante años. Las situaciones de conflicto y las relaciones tóxicas enturbian nuestra energía y nos restan. El volver a dormir en paz, descansar de las batallas frontales y el tener tiempo para pensar, nos regresa lentamente a ser quien siempre fuimos y con ello, regresa la cordura.

– Tiempo a solas.

Al principio no es fácil, ya que te tienes que acostumbrar a estar contigo. Normalmente si tienes hijos o te dedicaste a criarlos, sueles relegar tu vida personal a 5to plano. Ahora tendrás el tiempo para conocerte, oír tu música favorita, leer, retomar  hobbies, descubrir nuevas experiencias; despertar en silencio y escuchar a tus pensamientos. Transcurre el tiempo y si te enfocas en llevar una vida plena y una mejor relación contigo, aprendes a amarte y disfrutarte y te conviertes en tu mejor compañía. Entonces en esos espacios de tiempo sin tus hijos, gozas de total libertad para disfrutarte a ti.