Muchas de nuestras creencias nos impiden vivir al cien y descubrir nuestros alcances, especialmente las creencias sobre nuestros límites, sobre lo que podemos y no podemos hacer.

El miedo nos alerta y nos puede salvar la vida pero también nos puede paralizar e impedir vivir. La clave está en distinguir entre los dos. Es en este ultimo caso donde podemos hacer algo. Si nos persiguiera un león el miedo sería inevitable y nos pondría a salvo, porque la adrenalina generada nos ayudaría a correr para no morir en el intento.

Cuando nuestra vida no está en peligro, el miedo suele fundarse en una creencia sobre algo en específico, más que en una realidad.

Podemos temerle a un sinnúmero de situaciones: a que nos lastimen emocionalmente, al rechazo, al éxito o al fracaso, al dolor y a la muerte, miedo al cambio o a la monotonía, a la soledad o al compromiso, miedo a la vida; la lista es interminable.

Las creencias limitantes están basadas en el miedo. Para vencer uno de mis más grandes miedos tuve que detenerme y analizar, tuve que plantearme y visualizar el escenario en el que ese miedo tendría lugar y cuestionarme ¿qué pasaría si sucediera?

Me di cuenta que no moría, y que casi nunca sucedía lo que yo pensaba que iba a pasar. El miedo alimentaba al monstruo y lo hace verse más grande, pude ver que al enfrentar en mi mente esa situación tan temida, me despojaba de algo que me pesaba mucho y me sentía mas libre, que contaba con muchos recursos propios para resolver la situación y entonces descubría que a lo que le tenía miedo no era a lo que creía sino a la sensación de total libertad, y me pregunté: ¿qué haría con mi vida si ese miedo no existiera? Pues podría volar lejos y ser libre al fin, y cabría la posibilidad de no querer regresar. A ese nivel de análisis tuve que llegar para darme cuenta que mi miedo estaba fundado en creencias y suposiciones, no en realidades, y descubrir que había estado equivocada, lejos de causarme frustración o enojo,  se convirtió en una de las experiencias más fascinantes, porque libera.

Puedes revisar desde cuándo existen esos miedos en ti, si alguien importante en tu vida te los inculcó, en qué situaciones esos miedos han sido reales y en cuáles han sido falsos.

Si recordamos que hoy no somos los mismos de ayer entonces la fórmula se cae a pedazos. No somos las mismas personas, la situación no es la misma, las personas que me rodean tampoco, entonces no tiene por qué repetirse el mismo resultado.

Recuerda que todo cambia y muchas cosas caducan, actualiza tus ideas, conceptos y revisa si todavía empatan con quien eres hoy.

No sabrás de qué eres capaz hasta que lo intentes. Así que si sientes miedo, aviéntate con miedo, pero no dejes de vivir sin descubrir de qué estás hecha, cuáles son tus límites y qué tan grandes y llenas de colores, han sido esas alas que tenías miedo de extender para volar.

“Todo lo que deseas está al otro lado del miedo.” – Jack Canfield.